Palabras de Alumnas



Cada clase en Hadas es aprendizaje constante. Aprender a mejorar los pasos, a colocar los brazos, a saber qué músculo utilizar en cada movimiento, a escuchar la música, a cuidar nuestro cuerpo y aceptar a trabajar con cómo está hoy, con sus dolencias, con sus fortalezas, sin forzarlo, mejorando sin prisa pero sin pausa. En Hadas encuentro: amor por la danza, técnica, respeto, entrenamiento, risas, contención, cuidado, trabajo en equipo, improvisación, desafíos y más. Y lo que más me gusta es que cada persona que está al frente de Hadas me transmite alegría y mucho amor por lo que hacen. Y gracias a eso, cada vez que cruzo la puerta de Hadas para irme, me voy mejor de lo que entré, siempre mejor.



En Hadas aprendemos sobre técnica pero esa técnica sola no puede tener lugar si no tenemos en cuenta la importancia de cuidarnos, la necesidad de cerrar los ojos y mirarnos hacia adentro, a preguntarnos cómo esta ese cuerpo esa clase, para poder bailar con él explorando sus infinitas posibilidades. Otro valor que aprendí en Hadas es el valor de la singularidad. Somos y desde eso que somos, bailamos. Sin la intención de querer ser como los demás sino agradeciendo el proceso propio. En Hadas nos miramos mucho. Nos miramos con amor primero a nosotros mismos, porque así, también aprendemos a cultivar el respeto, la tolerancia, la paciencia y la amorosidad por los proceso de los demás (como en la vida). En Hadas aprendemos la importancia de habitar cada instante bailado, sin importar lo que vaya a pasar después. Y a veces en la vida lo necesitamos. Poner la cabeza en la clase, dejando en la puerta el torbellino de ideas que traemos de la calle, y cuando salimos las ideas parecen haber tomado otra forma. En Hadas aprendemos sobre apoyo y sostén, salimos al escenario en equipo o no salimos, porque para lucirnos lo hacemos trabajando en equipo, porque sabemos que nuestros compañeros están ahí para sostener con el cuerpo y también con la mirada. Porque subirse al escenario es el momento esperado todo el año pero el proceso tiene el mismo peso, entonces lo transitamos juntos. Hace años que mis clases son una cita impostergable. Porque es un espacio que me recibe en todos mis estados y yo aprendí a encontrarme conmigo misma pero también sé que llego ahí para regalarme ese momento. Porque sé que puedo ser ahí todas mis versiones y eso siempre está bien. Porque lo humano es lo que impera.



Mamá quiero hacer tela... mamá quiero aprender gimnasia artística... algo tan simple y tan difícil como encontrar un lugar donde tu hija se sienta cómoda al entrar y vos confíes en dejarla. Pero más allá que siempre escuché hablar bien del estudio Hadas fui a conocerlo y comprobar cuánta verdad había en esa calidez y profesionalismo con el que trabajan con sus alumnas/os.

Llegamos y con tan sólo la bienvenida que siempre es con una sonrisa a cada una de las personas que entraban Cata me dijo, mamá me quiero quedar en las clases, yo esperé afuera por las dudas de que se cansara y ella jamás se asomó de lo entretenida que estaba. Y yo sólo tengo por decirles, gracias!



Hadas es ese lugarcito donde Delfi pudo descubrir que podía volar, expresarse, soñar con los pies…pero sobre todo donde puede disfrutar de lo que aprendió a amar, bailar.

Siempre agradecida por el trato que tienen en Hadas.